sábado, 21 de septiembre de 2013
martes, 29 de noviembre de 2011
UNA PESETA EN MANOS DE UN OBRERO, ES PARA VICIOS.

UNA PESETA EN MANOS DE UN OBRERO, ES PARA VICIOS.
¿Saben cómo se arruina a diario a los pescadores de cualquier lonja en España? Pues con un método tan sutil como cruel, digno de la más despiadada de las familias de la Camorra Siciliana. Y en verdad es tan básico su “modus operandi”, que es casi imposible que la policía judicial pueda demostrarlo.
Es el golpe perfecto.
Varios señores, los que manejan los grandes movimientos de la lonja, pastelean entre ellos el precio máximo que están dispuestos a pagar por un determinado producto, llámese percebes, langosta o bacalao. Para que esto funcione, la inmensa mayoría de los compradores son avisados sutilmente de este acuerdo. Comienza la subasta con un precio de salida, pero al no haber compradores dispuestos a pagarlo, éste comienza a bajar sucesivamente, hasta que llega sin remedio al acordado.
¿Qué supone esto? La práctica ruina de los armadores y pescadores, que apenas cubren gastos, pero que no tienen otro plan de subsistencia más que seguir pescando, para llenar los bolsillos de los especuladores que les roban a diario en la subasta. Eso sí, todos caballeros y todo muy legal, porque a ver quién es el guapo que demuestra la estafa. El método funciona tan bien, que ya se ha exportado a la agricultura, donde los especuladores en nómina de las grandes superficies (llámese Carrefour, Hipercor, etc…) desangran a nuestros cultivadores, condenándolos a malvivir o al cierre de sus explotaciones.
Ahora pensemos más a lo grande. La lonja son los Mercados (las Bolsas, que últimamente están un poco alocadas), las mafias son los sufridos inversores (que están muy nerviosos), los especuladores en nómina de las grandes corporaciones son las Agencias de Calificación (honradas y objetivas en sus juicios), y los pobres pescadores son los países y economías periféricas de la Comunidad Económica Europea. Por un momento pensemos que ocho o diez señores, los que controlan la pasta de verdad, han pasteleado el precio máximo que van a pagar por la compra de Deuda Soberana de Italia, Grecia, Irlanda o España. El resto de compradores saben que este acuerdo en la sombra existe, y simplemente se dejan llevar, esperan para comprar hasta que lo hacen los grandes señores. Así los Bonos de Deuda subirán su tipo de interés hasta donde ellos quieran pararlo. Da miedo sólo pensarlo, pero a los hechos me remito.
Si la Deuda Soberana de España pone tan nerviosos a los Mercados, ¿por qué se dan de guantazos para comprarla cuando rebasa un nuevo récord? Los últimos 8.000 millones de euros se han vendido a un interés del 6%, máximo histórico. Pues sencillamente, porque saben que la economía europea no está tan mal realmente, pero cuanto más tiempo hagan creer que es así, más repugnantemente ricos se van a hacer, comprando Deuda Pública que saben que van a cobrar a unos intereses monstruosos.
Y encima, demos gracias a nuestros sufridos inversores, que son los que nos van a sacar de la crisis. Ya están más tranquilos, porque la Dama de Hierro Alemana le ha dictado a Rajoy cómo debe sacarnos hasta la hiel para salir de ésta. Con sus MEDIDAS VALIENTES, que van a terminar con el Estado de Bienestar Social que ha costado dos siglos implantar, va a haber dinerito para pagar a nuestros salvadores: LOS ESPECULADORES. Menos mal que yo también estoy más tranquilo, ahora que sé por boca de nuestro nuevo presidente que la culpa de toda esta catástrofe la tenemos nosotros, los trabajadores, por haber aspirado a vivir por encima de nuestras posibilidades.
Si ya lo dijo ese hombre entrañable e iluminado por la clarividencia de Dios, el Cardenal Segura: “Una peseta en manos de un obrero, es para vicios”.
martes, 1 de noviembre de 2011
CORTINA DE HUMO
Ya en mi anterior artículo, el del célebre Artur Mas y su amigo, el lenguaraz Durán y Lleida, ilustré un poco lo que en propaganda política se denomina “CORTINA DE HUMO”. Este término engloba una serie de comentarios o noticias (emitidos habitualmente por personajes de supuesto prestigio), que persiguen un fin concreto: distraer la atención hacia temas enquistados en el cabreo popular y pasar a un segundo plano el auténtico problema que origina ese mosqueo general.
A esto se han reducido las noticias políticas del telediario de cualquier cadena de televisión, pública o privada, en esta precampaña electoral repugnantemente amañada. A que Artur Mas diga que a los niños gallegos o andaluces no se les entiende cuando hablan, aunque yo puedo confirmar que ni mi familia ni yo hemos tenido problema alguno para comunicarnos en nuestros viajes por la comunidad que él gobierna.
A que el soplagaitas de Durán y Lleida diga que los andaluces que cobran el PER se lo gastan en tinto, recordando aquel comentario del Cardenal Segura en plena dictadura nacional-catolicista de Franco: “una peseta de más en las manos de un obrero es para vicios”. Es significativo que 50 años después no podamos distinguir entre las palabras de un líder independentista catalán y las de un cura fascista y pedófilo.
A que el revienta-micros de Gregorio Peces Barba, en los últimos coletazos de su chocheo, exprese tristemente que en 1630 debimos quedarnos con Portugal en vez de Cataluña, o que debimos bombardearla más a menudo en nuestras guerras. Sencillamente, triste y patético. Barriobajero e impropio de “señores” de cultura claramente sobrevalorada.
Y esa Esperanza Aguirre, Condesa de Murillo, que nos ha regalado a los andaluces perlas cada vez que ha podido. La mejor defensa es una cortina de humo, cuando a las puertas de tu palacio hay miles de profesores de la enseñanza pública y familias locas por darte una buena colleja en ese peinado pétreo por la laca.
O dónde dejamos a Ana Mato, que se permite el lujo de decir que los niños andaluces dan clase en el suelo, porque la Junta no dota a los colegios de mobiliario. El director del colegio de Cártama, que sirvió de fuente para su acusación, ya ha censurado la asquerosa manipulación de una foto de una actividad de cuentacuentos, pero curiosamente casi no ha tenido eco en los medios informativos. ¿Cómo es posible que una familia andaluza, vote a quien vote, no se sienta ofendida ante tal bestialidad? ¿Hay algún andaluz que pueda justificar las palabras de la Organizadora de la Campaña de Rajoy?
Estoy ansioso de que un político, preferentemente uno de los que va controlar el destino de España, hable de la reforma laboral que están locos por hacer cuando ganen. De si van a aprobar la dación como pago a los bancos, que le están sacando las entrañas a los trabajadores de este país. De si van hacer una apuesta firme por mejorar los servicios públicos a los que los españoles tienen derecho. De si va alguno a dar un puñetazo en el estrado de Bruselas y les va a decir al francés y a la alemana que si siguen asfixiando a España con sus exigencias económicas, vamos a abandonar la Comunidad Europea y vamos a proponer un nuevo Mercado Mediterráneo con Grecia, Portugal, Oriente Medio, Norte de África y China (para que nos dé los préstamos a mitad de interés).
Y lo más importante. Que si nos vamos a ver obligados a rescatar a los bancos en crisis con dinero público, alguno de los dos va a tener los huevos de nacionalizarlo bajo la gestión del Estado, que para eso se va reflotar con el dinero de todos. No tienen lo que hay que tener.
No. Esto no importa al pueblo. Lo que realmente interesa es distraer la atención, o lo que pueda decir Belén Esteban en el “Sálvame”, o que después de mucha negociación, Rajoy se vaya a partir la cara con Rubalcaba en un debate televisivo. Es el colmo del pasteleo mediático, encauzado hacia este repugnante bipartidismo, al no invitar al tercer partido político en discordia o cualquier otro, no vaya a ser que otro candidato haga alguna pregunta inconveniente y deje a los dos con cara de pasmados. No sería correcto demostrar en directo que los candidatos del PSOE y el PP son lo mismo: dos botarates ineptos, impresentables sin ideales políticos, títeres en manos de corporaciones económicas tan poderosas que no podemos ni imaginar.
PATÉTICAS MARIONETAS SIN ALMA, TRAS UNA CORTINA DE HUMO.
