NO,
TODOS NO SON IGUALES.
Ahora, precisamente, que los
vientos de revolución, de crispación en la calle arrecian, que los ánimos están
más que exaltados, conviene no generalizar. Estoy más que harto de escuchar
insistentemente, aporreando mis neuronas, como un tambor rociero- “Todos los
políticos son iguales”, y no estoy, en absoluto, de acuerdo. Es más, estoy
convencido de que no es así.
En Islandia, cuando el pueblo
tomó el Parlamento, sin pegar un tiro, sin sacudirle una colleja a ningún
político (aunque seguro que ganas no faltaron), se obligó moralmente a dimitir
al 75% de los diputados. Sólo se otorgó el honor de asesorar en la nueva
redacción de su Constitución a los más veteranos, con fama de incorruptibles, y
que desde el principio de la crisis se habían opuesto a las medidas
neoliberales del Gobierno. Se hizo un referéndum popular, para elegir a éstos y
a una veintena de ciudadanos ejemplares, para este glorioso cometido.
Debemos tomar ejemplo, sin duda. El
pueblo español históricamente se ha dejado llevar por la sangre, la furia y la
pasión. Nuestra historia está plagada de hombres ilustres, válidos,
emprendedores, defenestrados por el populacho, alentado por hombres peores.
Ojalá, llegado el caso, no se repita.
Sólo uno de nuestros veteranos parlamentarios,
en los treinta años de democracia que nos alumbran, ha renunciado a su
suculenta pensión vitalicia como diputado. Sólo uno. Don Julio Anguita. Él, en
un arranque de gallardía quijotesca, alegó que con su pensión de catedrático de
Historia de la Universidad de Córdoba, tenía más que suficiente para una vejez
digna. También fue él, el que avisó de
la que se nos echaba encima, hace más de seis años, cuando nadie sabía lo que
era una tal prima de riesgo. En su momento, fue tachado de cuervo de mal
agüero, de gafe, de iluso, de agorero. Llegado el caso, él debería ser sin
duda, uno de los padres de la Constitución. Porque creo que, a estas alturas,
ya nos hemos enterado de que hay cosas que deben ser pulidas de nuestra Carta
Magna…¿estamos de acuerdo?

No, todos los políticos no son
iguales. Una prueba es Don Cayo Lara, secretario General de IU. En el debate
del Congreso de los Diputados, del día 11 de julio de 2012, le sacó bien los
colores a nuestro triste Presidente y a su esbirro, comenzando su intervención
con una defensa encendida de los mineros de la Marcha Negra. Pidió la
destitución del responsable de los antidisturbios que cargaron salvajemente contra
ellos. Fue, lamentablemente, el único partido político que se acordó de estos
caídos en desgracia.
Denunció públicamente el rescate
financiero a la Banca Española, la vergonzosa Amnistía Fiscal, y lo tachó de
embustero, de mentiroso, por engañar a su electorado, por tirar su programa
electoral a la basura. Al igual que Julio Anguita, no ha pronunciado el
discurso que el Poder quería. Es el único que ha pedido en la Cámara Baja la
obligatoriedad (no recomendación) a los bancos que hayan recibido dinero público,
de terminar con los desahucios que diariamente envía a 512 familias a la calle.
Es el único que mostró a Sus señorías
las conclusiones de los técnicos de la Dirección General de Tributos
(funcionarios recortados), en las que destapan que las medidas de Rajoy nos
llevan al desastre, y que esos mismos ajustes a las grandes empresas y
fortunas, a los grandes bancos (los que nos han metido en ésta), y la ampliación
de efectivos para combatir el fraude, sacaría de la sombra 65.000 millones de
euros al año. Los mismos técnicos han calificado la Amnistía Fiscal de Decálogo
de Defraudadores a Hacienda.

Él y el partido que representa,
es el único que ha estado al pie del cañón, en primera línea, defendiendo las
manifestaciones del 15M. Ha sido el único parlamentario que ha acompañado a los
mineros en su entrada de la Marcha Negra en Madrid, y en las masivas
manifestaciones del 19 de julio. Él y su camarada Alberto Garzón, activista del
15M y diputado más joven de la historia del Congreso, han sido los primeros en
rechazar el seguro de vida privado con el que el Gobierno blinda a la casta
política.
No, todos no son iguales. A los
que dicen sencillamente la verdad, ante la mirada envenenada de los que han
sucumbido a las caricias del Poder, a los que le dicen en su cara al Presidente
que ha "rociado las calles de España de gasolina con este ajuste a los pobres”,
se les vuelve a tachar de catastrofistas. Alberto Garzón, Tomás Gómez, José Luis Sampedro, Eduard Punset, Jordi Évole, Juan Ramón Lucas... y pocos más... un reducido grupo de valientes, incombustibles
parlamentarios, periodistas y pensadores, no merecen ser tratados como el resto de la chusma podrida con
la que tienen que lidiar todos los días en el Congreso o en su entorno. Los que siempre han
estado del lado del pueblo, de los débiles, de los caídos en desgracia, no
pueden ser metidos en el mismo saco que los que bien merecen esa expresión
tristemente célebre de una tal Andrea Fabra, abanderada de la neopija
valenciana, grosera, deslenguada, vividora del cuento, una golfa más en un
sillón inmerecido. ¿Cómo era…? Ah, sí…
“¿Qué se jodan?”…pero todos no,
todos no son iguales. Algunos tienen vergüenza.
Para los que, sin prejuicios,
quieran asistir a uno de los mejores discursos de la democracia en España, sólo
tienen que pinchar este enlace. Impresionante la intervención de Don Cayo Lara,
en el debate del 19 de julio de 2012.