sábado, 1 de febrero de 2014
EL SILENCIO DE LOS INOCENTES
domingo, 22 de abril de 2012
LEY DEL OLVIDO (II)


LEY DEL OLVIDO (II)
En el artículo anterior desgranamos sólo superficialmente algunos aspectos de ese personaje sobrevalorado en exceso e idolatrado por la ultra derecha franquista, el general José Enrique Varela Iglesias. Vamos a seguir hurgando en esa biografía, con muchas más sombras que ocultar, que luces.
En 1927, siendo teniente coronel condecorado en la Guerra del Riff, es uno de los jefes militares que aconsejan el uso por vez primera de gas mostaza sobre la población civil bereber, en las montañas del Atlas. Gracias a oficiales como él, España tiene el honor de ser el primer país de la historia que bombardeó a civiles con armas de destrucción masiva, el “célebre” gas mostaza.
Cuando el ejército golpista llega en 1936 a Sevilla, tras caer la provincia de Cádiz y con el eco de la feroz represión en San Fernando, el general Queipo de Llano toma el mando de la ciudad, siempre asesorado por el general Varela. Éste mismo y Mola son los cerebros del levantamiento militar contra la República.
Testimonios irrefutables desbaratan ese sometimiento dulce que nos adoctrinaron los libros de historia de la Dictadura y atestiguan una feroz resistencia de las milicias populares en los sevillanos barrios de Triana, Macarena, Alameda, Centro Histórico y San Julián. Sólo la barbarie desatada por los Regulares y las tropas moras de Franco, consiguieron acallar las armas de los irreductibles demócratas. Después vino la persecución, reclusión, tortura y fusilamiento de los que se salvaron, delante de la Puerta de la Macarena y el muro Este del Cementerio Municipal. Toda esta despiadada operación fue diseñada por el “honorable” Varela y encomendada a Queipo de Llano, apodado desde entonces, el “carnicero de Sevilla”.
Recuerda el cronista Arturo Barea:
“Una vez consolidada Sevilla, el Tercio y los Regulares llegados de Cádiz, desataron el terror africanista en los barrios que aún resistían, con uso indiscriminado de artillería pesada.”
“Cuando atacaban estas tropas, no conocían límite a su venganza ante la muerte de un legionario, y degollaban a su paso a cuantos hombres encontraban hasta que se entregaba el que había cometido el crimen. Yo fui testigo ocular de su paso por barrios en los que sólo quedaron incendios y calles sembradas de hombres, mujeres y niños degollados.”
A continuación, algunas perlas de las famosas emisiones radiofónicas del general Queipo de Llano en Sevilla en 1936, siempre con el beneplácito de Varela, Jefe Militar de Andalucía. Todas son parte del inmenso legado documental del Archivo Histórico y Hemeroteca de Sevilla:
“En San Fernando tenemos a muchos familiares de los tripulantes de la escuadra pirata (republicana), nos servirán de rehenes y sus vidas responderán de los nuestros que mueran en San Sebastián. La célebre Pasionaria la ha tomado conmigo porque no se da cuenta de que la admiro, por haber sabido ascender desde criada de 30 reales a primera figura del régimen (República).”
“Nuestros valientes Legionarios y Regulares han enseñado a los cobardes rojos lo que son hombres de verdad, y a sus mujeres. Esto está justificado, porque estas comunistas y anarquistas predican el amor libre. Ahora, al menos, sabrán lo que son hombres de verdad, y no milicianos maricones. No se van a librar por mucho que berreen y pataleen. Mañana tomamos Peñaflor, así que vayan las mujeres de los rojos preparando sus mantones de luto. Estamos decididos a aplicar la ley con firmeza inexorable: Morón, Utrera, Puente Genil…id preparando sepulturas. Yo os autorizo a matar como a perros a todo aquél que se resista a vosotros, que si lo hiciereis así, quedaréis exentos de toda culpa.”
Teniendo cautiva a la mujer y seis hijos del general republicano Miaja, Queipo de Llano amenazó todas las noches…todas:
“Miaja, tengo a tu familia y ellos pagarán con sus vidas lo que tú hagas. Uno a uno, con sus pieles haremos carteras y petacas.”
“¿Qué haré? Imponer un durísimo castigo a esos idiotas congéneres de Azaña. Por eso faculto a cualquier ciudadano a que cuando se cruce con uno de estos sujetos lo calle de un tiro. O me lo traigan a mí, que yo se lo pegaré.”
“Ya conocerán mi sistema: por cada uno de orden que muera, yo mataré a diez, y a sus dirigentes que huyan, los sacaré de la tierra…y si están muertos los volveré a desenterrar y los volveré a matar.”
En febrero 1937, Málaga ha caído en manos de Queipo de Llano y el general Varela, camino ya de Madrid (tras fusilar a 4000 ciudadanos de Badajoz en su plaza de toros), le envía apoyo aéreo alemán, munición y a los destructores Canarias, Cervera y Baleares para… ¿terminar con la resistencia republicana? No. Bombardea sin piedad una columna de 100.000 refugiados civiles que huyen por la Nacional 340 hacia Almería. A las puertas de la ciudad les recibe una escuadrilla de Messerchsmit BF-109.G6, que masacra a miles de ancianos, mujeres y niños sin miramientos. Los supervivientes fueron devueltos a Málaga, censados y Queipo de Llano fusiló a unos 20.000 de ellos desde 1937 a 1940. El cronista Norman Bethune asistió a todo este horror y lo contó, en un espeluznante relato llamado “El crimen de la carretera Málaga-Almería”, prohibido en España hasta 1978. Él vio cómo soldados del Frente Nacional llenaban camiones de cadáveres, para limpiar la carretera, y se perdían por los caminos de la Sierra de Málaga, en fosas comunes todavía por descubrir.
Hasta los años 60, los camioneros conocían la N-340 Málaga-Almería como la “carretera de la muerte”, y evitaban parar en la montaña, porque al pie de los barrancos seguían apareciendo esqueletos por centenares. Hermoso legado el de Varela y su subordinado Queipo de Llano para el recuerdo de los andaluces.
El general José Enrique Varela fue nombrado Ministro del Ejército desde 1939 a 1942. De él es la idea de mantener “ocupados” a los 27.000 presos republicanos que construyeron el Valle de los Caídos, con trabajos forzados, para construir una tumba a Francisco Franco digna de un faraón egipcio. Él mismo pone la primera piedra del mausoleo en 1940.
También guía los primeros años del exterminio de los últimos resquicios de resistencia republicana tras la guerra, el “maquis”. Ni un solo guerrillero en la zona de Sierra Morena o Extremadura fue llevado a juicio. Todos fueron masacrados en la montaña, acorralados como conejos y fusilados sin más, según sus directrices. Él consintió salvajadas como las cometidas por el oficial de la Guardia Civil Gómez Cantos, apodado “el carnicero de Extremadura”. Este sádico en sus años de servicio en esa comunidad no hizo un solo prisionero, pero terminó por completo con el maquis extremeño. En Miravetes y otros pueblos de la serranía eligió a dedo a decenas de civiles y los “mareó” sobre el Tajo. Así llamaba él a empujarlos desde el puente sobre el río y tirotear desde el mismo a los que sobrevivían a una caída de 60 metros. Sólo la intervención del cura de Miravetes y el fusilamiento de dos guardias civiles, por negarse a seguir con la masacre, hizo que este monstruo fuese destinado a Barcelona, donde murió de viejo, condecorado por la Dictadura.
Creo que hay razones sobradas para retirar la estatua del general Varela de la Plaza Mayor de San Fernando, ¿no os parece? Si realmente existe un Dios justo, no puede estar de parte de este monstruo y de sus cómplices, y mucho menos de perpetuar su memoria con honores de héroe, y condenar a sus víctimas a la LEY DEL OLVIDO. Si ese Dios consiente esto, desde luego, ése no puede ser mi Dios.
sábado, 7 de abril de 2012
UN HOMBRE JUSTO (II)

UN HOMBRE JUSTO (II)
Me lo encontré de frente, en la calle Chicarreros, casi nos tropezamos. Era la primera vez que lo veía en persona y no quise abstraerle de su conversación con otro señor que le acompañaba. Tranquilo, sin escolta, sin miedo…estaba paseando por las calles de su ciudad, porque, aunque nació en Jaén, se transformó de niño a hombre en Sevilla. Él es D. Baltasar Garzón Real.
Don Ildefonso, su padre, trabajaba en una gasolinera y saboreó desde temprano el rigor del trabajo en el olivar. Era pues D. Baltasar, de familia humilde. Un ejemplar raro de hijo de proletario que aspiraba a ser juez en una Facultad de Derecho de Sevilla, acaparada por hijos de jueces, empresarios, militares…en definitiva, de niños de papá con la vida más o menos resuelta.
Por las noches relevaba a su padre en la gasolinera y cuando le salía algún trabajo de albañilería, también lo aprovechaba. Así, a duras penas, consiguió costearse su carrera. Aquí, en Sevilla, conoció su primer gran amor, su compañera, confidente y esposa, María del Rosario, que le dio tres hijos.
Aceptó concurrir a las elecciones de 1993 con el PSOE, y a los pocos meses le dio un portazo en las narices a Felipe González, acusándole sin tapujos de no querer combatir la corrupción.
“¿Quién se atreve a detenerme? ¿Un juez español? Sé quién es. ¡Es Garzón, ese comunista, ese maldito comunista!” Se lamentó enfurecido Augusto Pinochet a la intérprete Jean Pateras, de Scotland Yard, cuando la policía británica vino a apresar al decrépito dictador chileno. Un juez español había logrado que las leyes que castigan los delitos contra la humanidad dejaran de ser una simple declaración de buenas intenciones en el plano internacional, y se aplicaran con rigor para perseguir a un acusado de genocidio, asesinato, secuestro y torturas.
Baltasar Garzón hizo historia entonces, se ganó a pulso una cita en los libros de Derecho Internacional, él se convirtió en leyenda. Admirado por su valor e independencia internacionalmente, se erigió en el azote de intocables de la Justicia, políticos corruptos, narcotraficantes, terroristas, abusadores de poder y dictadores asesinos.
Fue él el que metió entre rejas a un ex ministro del PSOE por los GAL, el que puso en jaque a Pinochet, el que abrió el camino del fin de la vergonzosa amnistía a los asesinos de la dictadura argentina, el que acabó con el imperio del narcotraficante Laureano Oubiña. Él y no otro politiquillo deslenguado fue quien acabó con el terror de ETA, al cortarle las fuentes de suministro económico, asfixiando a sus empresas y organizaciones “legales”.
Pero, ay, se empeñó en desenterrar a las decenas de miles de muertos olvidados en las cunetas de nuestras carreteras, durante la Guerra Civil y la posterior dictadura de Franco. Empezó a remover la podredumbre, que tanto trabajo había costado a los herederos del fascismo tapar con la ley de amnistía de la transición. Él otorgó esperanza donde sólo hubo lágrimas durante más de medio siglo. Él se convirtió en el juez de los desamparados, de los olvidados, de las víctimas de los caídos en desgracia. Era más de lo que podían permitir los herederos del nacional catolicismo…y sus días como juez estaban contados.
La puntilla llegó con el Caso GÜRTEL, que destapó las vergüenzas de la financiación ilegal y la asquerosa corrupción del Partido Popular. Ya era demasiado, había pateado las columnas del poder de este país y los que ahora lo gobiernan no lo iban a consentir. Su brazo ejecutor fue el Tribunal Supremo, en un juicio bochornoso e irregular, que ha dejado la imagen de la Justicia española por los suelos. Y tanto es así, que por mucho que este Gobierno quiera tapar el asunto, no ha podido con el clamor internacional contra este lamentable proceso. La Comisaría de la Alta Comisionada de la ONU ha instado a España a que derogue la Ley de Amnistía de 1977, y que investigue los crímenes de la dictadura de Franco. Y otras ochenta prestigiosas organizaciones de Defensa de los Derechos Humanos de todo el mundo han entregado a las embajadas de España, un manifiesto denunciando el repugnante proceso de Garzón.
Solo ante el peligro. Sólo con el apoyo de sus incondicionales (las víctimas del terrorismo de Estado que no acaparan las páginas de El Mundo, ABC o La Razón), algunos personajes de la cultura y la magistratura, de los diputados de Izquierda Unida y de indignados como yo. Así se ha enfrentado este hombre a un tribunal de jueces que ya lo habían condenado de antemano.
Veo con curiosidad, al visitar páginas como la de la Asociación Pro Derechos Humanos de Andalucía, que han concedido su único premio de Derechos Humanos de Andalucía en 2009 al Presidente del Centro para los Derechos Humanos de Gaza (merecidísimo) al prestigioso Raji Sourani, y me pregunto:
¿Qué están esperando para otorgarle el premio de los Derechos Humanos de Andalucía a D. Baltasar Garzón?
¿Qué más hace falta?
Su defensa de los Derechos Humanos le ha costado su carrera.
Es andaluz.
Su madre y su hermana viven en Sevilla. ¿Habría mayor orgullo para estas mujeres que asistir al reconocimiento público de Baltasar Garzón en la ciudad en la que se formó como hombre?
Por favor, déjense de mezquindades, aparten sus prejuicios, o sencillamente despierten de una vez. Y ruego a los responsables de la Asociación Pro Derechos Humanos de Andalucía que concedan este premio más que merecido a D. Baltasar Garzón Real. Posiciónense, tomen partido, apóyenlo o censúrenlo…pero no permanezcan callados, impasibles; porque su silencio es cómplice de los que han condenado al juez con más prestigio internacional de la historia de España.